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y casi casi no hay nadie, que pueda mirar, que pueda recordar, que me traiga el olor fresco del mar. entre tantas cáscaras grises siento el impulso de coger tu mano y apretar su calidez honesta. cierro los ojos y tus colores todavía iluminan mi retina, tan vivos en mitad de la marea de zombies. ellos se ciegan en su perpetuidad de envidia y pobreza de espíritu, y todo por elegir cada día el camino de los cobardes. tú y yo nunca seremos reyes, ni masa, dudaremos de cada paso y cien veces caeremos en la trampa. ellos enseñan dientes como hienas; nosotros sabemos que un segundo de auténtica alegría justifica una vida entera.

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