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sistema

sistema: “Conjunto de cosas que relacionadas entre sí ordenadamente contribuyen a determinado objeto”.

El objeto del sistema de organización humana es mejorar la eficiencia en la producción; lograr, gracias a un mejor ordenamiento y distribución de trabajos, satisfacer las necesidades humanas con un menor esfuerzo individual y cubriendo un abanico más amplio de productos.

Una persona, un grupo reducido de personas, una pequeña comunidad, para ser autosuficiente necesita trabajar más, difícilmente tiene acceso al ocio, el abanico de productos al que puede optar es más reducido.

Se puede mejorar el sistema, la complejidad es grande y las opciones por tanto numerosas. Sólo hay que proponer cambios concretos e intentar analizar el impacto en el rendimiento resultante. Es un pensamiento ingenieril, desprovisto de opiniones. Así funciona un sistema.

Pero las vidas humanas no sólo están influenciadas por el sistema que rige la sociedad en la que viven. El sistema, sobre el papel, puede ser bueno o malo. Las personas, los hombres y mujeres que conviven en sociedad, no están obligados físicamente a seguir las reglas del sistema. Además, es imposible regular toda la complejidad de un hombre, qué decir de las relaciones humanas. Afortunadamente, siempre hay grados de libertad. Desafortunadamente, siempre hay ladrones.

La naturaleza humana, independientemente del sistema con el que nos organicemos socialmente, es muchas veces dura cuando la miras de frente. Aunque fuéramos pequeñas comunidades autosuficientes también tendríamos problemas. Habrá otros sistemas, pero los hombres serán los mismos. Las mejoras sustanciales en nuestras vidas no vendrán de mejores organizaciones, sino de mejores personas.

Sí se puede influir en el comportamiento y actitud de las personas. Yo influyo en el comportamiento de otros, otros en el mío, y cada uno es dueño, y por tanto responsable, de sus actos. Educación, civismo, empatía, solidaridad. ¿Cuántas acciones están en nuestras manos a diario, que aportarían una mejora en nuestras vidas?

La cajera del supermercado comienza a lanzar los productos del siguiente cliente sobre los tuyos, sin esperar a que tengas tiempo de recogerlos, independientemente de que seas una anciana moviéndose con lentitud, o una madre con sus hijos. En un metro atestado, un grupo de 20 personas no es capaz de organizarse para dejar asiento a un anciano o una embarazada. En un metro semivacío, nadie se levanta para dejar asiento a alguien que lo necesita más. El conductor del autobús se planta sobre el paso de peatones esperando a que el anterior autobús que está en la parada la despeje; el semáforo para a rojo entretanto pero los peatones no pueden cruzar porque el paso de peatones está bloqueado. En la recepción de un centro médico, la recepcionista da instrucciones rápidas y difíciles de comprender, en especial para alguien que no trabaja allí o que no va a menudo; cualquier pregunta que hagas es respondida con brusquedad y de forma imprecisa; la segunda pregunta no es respondida y es acompañada de bronca por lo “tonto que eres”. Los ejemplos son muchos, diarios.

No podemos eliminar a todos los ladrones, quizás sí apartarlos, reducir su número, desalentar, dificultar sus robos. Pero la existencia de un ladrón que me roba no excusa mi trato contigo. Ni siquiera sé si a ti también te han robado.

Una vez conocí a un ladrón corrupto. Lo vi de cerca, hablé muchas veces con él. Pasé de la incredulidad a la indignación, fui testigo de sus robos y tristemente vi cómo personas que creía íntegras le defendían ante hechos delictivos manifiestos en nombre de una amistad antigua. Por un tiempo me encerré en el malestar, salí cada día de casa con la escopeta cargada y la razón de mi parte. Parapeté todas mi acciones con la existencia de un villano, o de varios. Un día, vi a una compañera lamentarse: “Los días son pesados, los humores son siempre grises, el desánimo es diario”. Me miré al espejo y vi mi corazón encogido y reseco de tanto rencor. ¿Se merecen todos el mismo trato fruto de mi indignación? No. A partir de entonces intento siempre mirar antes de actuar. No todos somos iguales, afortunadamente. No todos hemos causado el mismo mal. Yo sigo necesitando salir a diario a la calle y cruzarme con una sonrisa y una palabra amable, hasta que se demuestre que merezco lo contrario.

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