Publicado el

Historia de la historia

Hay un peligro en divulgar lo que son simples teorías, que no se sustentan en una cadena relacional lógica de procesos y que están muy alejadas de los conocimientos reales existentes, como conclusiones científicas. Y es que hay un sector del público que está dispuesto a asumir como válidas esas conclusiones, sin revisar las premisas sobre las que se sustentan ni el proceso científico-lógico para llegar a ellas, simplemente porque han sido divulgadas por una asumida autoridad científica, que en la mayoría de los casos no es más que una autoridad mediática. Incluso si se trata realmente de una autoridad científica en un campo determinado, el público debería reservar siempre cierto grado de escepticismo y no creer antes en las palabras de un gurú que en su propio sentido de la lógica.

El peligro se materializa cuando estas teorías son popularizadas hasta tal punto que influyen en el comportamiento de muchas personas, incluyendo legisladores y encargados de interpretar leyes. Se asumen entonces como dogmas conclusiones infundadas que son enarboladas como armas en favor de una determinada opinión volcando sobre ellas todo el peso de “la ciencia”. La credulidad, la falta de criterio y la desinformación hacen el resto, y se acaba practicando un exorcismo a un enfermo mental. Mucha gente hay dispuesta a defender con vehemencia conclusiones falsas, creyendo en su veracidad a pies juntillas, ya que, como dice el dicho “qué atrevida es la ignorancia”.

Y así, siglo más siglo menos, las discusiones y diatribas que guían nuestro día a día y nuestras costumbres están enraizadas en el terreno pantanoso de la ignorancia, los dogmas y la falta de escrúpulos a la hora de usar medias verdades o incluso mentiras en favor de nuestros intereses. En el campo de la opinión todo parece demasiado desnudo y débil, sin embargo, las opiniones revestidas falsamente de razonamientos se convierten fácilmente en un mantra que inocular a millones de personas que se convierten en aliados crédulos de nuestro ideario.

“Saber es poder”, que también dicen. Pero yo me pregunto: ¿lo es realmente en medio de la imperante ignorancia, o saber más sólo te ayuda a ser consciente del mar de mentira en el que nadamos, a la deriva de la ciencia y de la lógica? Por mucho que uno sepa, o crea saber, por mucho que el espíritu crítico le lleve a detectar tantas contradicciones, las mentes cerradas en torno a un dogma son como piedras frente a las etéreas embestidas de la duda.

Qué pena de aquéllos que sufren las consecuencias de la ignorancia en forma de usos contra sus intereses, sus deseos y su bienestar; usos implantados en base a razones inciertas y manipulación de la realidad. Qué pena también de aquéllos que sufren las consecuencias de su propia ignorancia, y que creen en la existencia de un único camino que supone para ellos un poco de un calvario; camino marcado por otros en su propio beneficio, y que se asienta sobre razones inciertas y manipulación de la realidad.

Anuncios

Piensas, luego escribes. ¿Verdad que si?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s