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aguja

zas, se me clavó un aguijón de consciencia en la garganta, y de repente

no puedo tragar más mentiras, caprichos superficiales ni tardes vacías.

porque cada vez que intento tragar me arde la garganta

y el corazón se me encoge de miedo a convertirme en sombra de vida.

maldigo mis manos torpes que nada hacen

por los que tienen que enterrar los anhelos de toda una vida

en el sótano de una realidad que no merecen.

esta mañana, al cruzarme con ellos, sus ojos

me lloraron un momento con la sequedad del que da todo por vencido

excepto la resignación del día a día en las pequeñas cosas.

la aguja se clavó hondo, una mano fría me rozó la espalda,

y yo, miré hacia el sol y sentí nada.

 

 

 

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