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“Por ahí he visto tanta alegría, con la mirada llena y la cabeza vacía.” Pedro Guerra

Es curioso como la vida te vacía por dentro. Todas tus aristas se van redondeando para que encajes mejor en un ambiente romo, tan predecible que te hace confundir el café con amigos de la semana que viene con la cena de hace dos. Con la pérdida de tus pliegues pierdes poco a poco tu identidad. Ya no hay abrazos sentidos cuando te reencuentras con ese amigo, porque él ya abrazó a otro hace tiempo; y cómo distinguir sus brazos de tus brazos… La rutina aturde, amortigua, te deja en las raspas de unos pocos gestos comunes.

La edad nos templa; no somos más sabios, decimos las mismas tonterías con menos pasión.

La lucha, la verdadera lucha, no es esa constante reafirmación de nuestros clichés que excretamos instintivamente a la vista de los diferentes. La lucha tiene mucho de interno y algo de externo, de movimiento constante buscando la resonancia con un mundo que cambia, nos cambia y se alimenta de nuestros cambios. Si no estás aquí para aprender algo has perdido tiempo, tu tiempo y el de tantos otros con los que te cruzas a diario.

Me decías hace unos días: floreros llenos, cabezas vacías. No puede llegarte ni llenarte quién está vacío por dentro; para llenar hay que tener, ser, rebosar.

Muévete; anda, corre, camina.

“Nadie sabe… lo que andamos buscando
si un salto hacia la luz
o si nos vamos marchando…” Pedro Guerra

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nadie sabe

Piensas, luego escribes. ¿Verdad que si?

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