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Silencio. 1 de n: llego a lo recondito

Después de dos días de adentrarme en lo recóndito llegué a un pequeño pueblo. Lo recóndito no era ya una selva impenetrable; ni un pico cuyo ascenso requiere obsesión monocroma y privilegios de hombre libre.  Todo eso ya había sido hollado, literalmente pisado, y también virtualmente hollado, hasta convertirse en lugar común mil veces leído, visto y vestido. El reducto de lo recóndito se hallaba en un remanso de la corriente, lugar olvidado por los coleccionistas de postales y posturas, sin interés para esos fingidos aventureros modernos que a fuerza de querer mostrar y contar todo a todos se quedan sin decir nada. El pueblo era de áridos contornos y poco fotogénico; allí la incomodidad no era industria ni moda.

Llegué al filo de la primera tarde, cuando empieza el desperece de la siesta, literal o esquivada en un banco a la sombra, y en las caras de los sujetos se refleja el estupor del regreso a la velocidad de arranque. Por supuesto que suscité miradas: interrogantes, de extrañeza, divertidas e incluso esperanzadas en el refresco de la novedad. Nunca fui perspicaz para conocer al primer golpe de vista, pero sin huir de la primera impresión creí intuir que el lugar no estaba contaminado por lo que se espera de él, y las personas que allí vivían lo hacían en impuesto aislamiento, sin saber siquiera que hubiera un más allá de allí. Sin pensar en pensar, a fuerza de rutinas.

Yo, con mis maneras cargadas de jirones de personas que fui o pretendí ser, con tanta consciencia de cada movimiento y tantas revueltas en mi cabeza para intentar ver lo que soy, lo que podría ser, lo que estoy siendo. Debí parecerles un montón de ruido, caminando hacia una puerta tras la que esconder por la noche mi desnudez ingrávida.

Me tomaron por el dios del infinito.

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2 Respuestas a “Silencio. 1 de n: llego a lo recondito

  1. Miguel ⋅

    Tu blog es un delicado reducto de lo recóndito al que acudir para escapar de la corriente trepidante que nos arrastra a no se sabe donde.

  2. Juan ⋅

    Qué alegría volver a disfrutar de tu escritura!!!
    Qué gran verdad es que la mayor parte del tiempo vivimos desconociendo la existencia de otros mundos y otras personas para las que nosotros somos ruido, de la misma forma que ellas lo son para nosotros.
    Solo ruido…

Piensas, luego escribes. ¿Verdad que si?

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