Una calle corta y estrecha

¿Qué pasaría si descubrieras el verdadero sentido de la vida? La pregunta tiene trampa, quizás por eso no hay una respuesta única. O quizás no hay una respuesta única por la misma razón que no la hay para ninguna pregunta que un hombre pueda formular. La raza humana es diversa, como la sociedad que se engendra de ella.

Pero no hay una respuesta única quizás también porque los adverbios no nos dejan ver el verbo. Y el verbo de la vida es su finalidad. Vivimos para dar vida, para encajar en un puzle, para alimentar otras vidas. Desde un punto de vista ecológico nuestra existencia no transcenderá más allá de la huella física. Desde un punto de vista social, dejaremos también una huella intangible. Para entonces, ya nos habremos ido.

La sabiduría es una maniobra perenne de aproximación a un objetivo. El movimiento, el tuyo o el del objeto a conocer, produce ese halo de percepción difusa en tus sentidos. Un atisbo genera en tu mente a veces certezas; no confundir con lo cierto. Lo cierto es que todos morimos. Lo demás es una travesía. La travesía es de un sentido, y ése el sentido de todo el ciclo. La finalidad es la vida; el fin es la muerte.

Hay personas que se sienten lastradas por la levedad de nuestra existencia. Otras saborean el vacío con serenidad. Si sigues caminando puedes llegar a comprender que el camino es la finalidad; y un instante concreto, ése que quizás compartiste conmigo, es la felicidad.

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